RUIDOS EXTRAÑOS

RUIDOS EXTRAÑOS
Despierto de un sueño intranquilo. Unos golpes resuenan en mi cabeza. Son las dos de la madrugada. El piso está vacío. La puerta y las ventanas permanecen cerradas a cal y canto. Intento conciliar el sueño. No tardo en dormirme. Impactos en mi sien me sacan de mi letargo otra vez. Me levanto de la cama con cierto nerviosismo. Es posible que alguien esté intentando entrar a robar. Enciendo la luz del pasillo y ojeo en todas las habitaciones. Tras cerciorarme de que estoy solo me acuesto una vez más. Antes de pegar los párpados me sobresalta el mismo ruido. Me empiezo a mosquear. No sé bien de donde procede pero lo escucho perfectamente. Inspecciono los espacios de debajo de la cama, los armarios grandes y los ángulos muertos. Me fumo un cigarro en unas pocas caladas y me acuesto con el sabor a humo en el paladar. Minutos después escucho el martilleo. Tengo la certeza de que es algún vecino impertinente e incívico. Golpeo repetidamente la pared como réplica, intentando hacerle ver que está molestando. Parece surtir efecto, pues tengo quince minutos de tranquilidad. Ya no puedo conciliar el sueño pero me quedo intentándolo en la cama.
Pego un bote al oír los ruidos, esta vez más fuertes. El corazón se me acelera de la furia. Estoy muy cabreado. Cojo el palo de la escoba y golpeo con violencia las paredes y el techo. Espero que les sirva de aviso y paren de molestar. Una voz profunda surge del otro lada de una pared.

- ¿Qué coño haces? – grita enfurecida la voz.
¿Qué qué coño hago? Encima parece ofendido, con la noche que me está haciendo pasar. No pierdo el tiempo en contestar. Creo que será suficiente con eso. Se dará por enterado y me dejará en paz. No me gusta discutir, y menos a estas horas de la madrugada. Todo se calma y vuelvo a la cama tras darle dos chupadas rápidas a un pitillo. No pasan más de dos minutos cuando los golpes vuelven a atronar en mi cabeza. La ira ciega mi mente. Empiezo a chillar como un loco sin ni siquiera levantarme.
- ¡Maldito cabrón hijo de puta! Como me entere de quién eres te arrancaré la cabeza. ¡Desgraciado mamón! – cuando se me dispara la lengua no puedo parar.
Estoy rabioso. Noto como la saliva se torna en espuma y chorrea por mis comisuras. Sigo con mi sarta de improperios.
- ¡Ojalá te revientes, hijo de mala madre! Ya te pillaré, ya..
El tono de mi voz aumenta por momentos. Grito como un poseso hasta que me quedo exhausto y desahogado. Por fin me quedo dormido.
Me despierta el timbre de la puerta. Lo que me faltaba. Ahora vendrá algún vecino a pedirme perdón con el rabo entre las piernas. Meto la cabeza bajo la almohada y lo ignoro. Pero el pesado que hay en el umbral insiste una y otra vez. Finalmente me levanto, me pongo una camiseta y abro la puerta.
- Estabas avisado. Ven con nosotros.
Dos agentes de la policía local y un señor de blanco me acompañan hasta una furgoneta. Durante el trayecto los extraños ruidos siguen torturándome.

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